Uno de los productos que más ha tomado fuerza con la crisis son los llamados seguros de protección de pagos, una las armas que están utilizando las entidades financieras para protegerse de posibles impagos ante el incremento indetenible de la morosidad. Aunque se comercializan desde el año 2000, no es sino hasta ahora que las entidades los están promocionando con fuerza.
Como cerrar por completo el grifo de los créditos no es una buena idea, las entidades financieras han optado por seguir otorgando créditos y préstamos, pero en muchos de los casos obligan a los clientes a contratar un seguro de protección de pagos. Pero en realidad ¿De qué se trata ese producto?
El seguro de protección de pagos garantiza precisamente el pago de una prestación en caso de que el cliente pierda su empleo y, por tanto, no tenga capacidad para hacer frente a los créditos solicitados. El seguro –¡oh seguro!—se hará cargo de las cuotas mientras el titular figure en el INEM, aunque esto último hay que leerlo con lupa antes de hacernos ilusiones.
Este seguro es utilizado, especialmente, cuando se trata de préstamos hipotecarios. Se suelen contratar por plazos de hasta cinco años y solo se harán cargo de las cuotas por un límite de tiempo, pues como todo: siempre dependerá de las cláusulas del contrato.
¿A quién beneficia? Al responder esta pregunta es donde entra la letra pequeña. Como cada seguro tiene sus características no podemos decir que las circunstancias son tales o cuales, pero si daros una idea. Generalmente, resultarán beneficiados del seguro de protección de pagos aquellas personas víctimas de un despido improcedente, siempre que hayan tenido contrato indefinido. Si sois autónomos procederá en caso de incapacidad por accidente.
¿Por cuánto tiempo cubre el crédito o préstamo hipotecario? Eso depende del contrato y la empresa que lo ofrece debe dejarlo claro desde un comienzo. En la mayoría de los casos suele ser durante un plazo de entre 6 y 18 meses.
El seguro de protección de pagos es una opción bastante interesante en estos momentos de crisis e incertidumbre, siempre que el interesado cumpla con el perfil que imponen las aseguradoras, de lo contrario, sería como tirar el dinero.