Las fusiones de las cajas de ahorro españolas han sido una de las grandes noticias económicas del año. Sumidas en una grave depresión por su pequeño volumen y sus grandes pérdidas, las cajas han visto las orejas al lobo y han decidido arrimar el hombro y aunar fuerzas para tener más presencia en el mercado financiero español –y, de paso, sanear cuentas–.
Pero la reforma no acaba aquí: según publica hoy El Economista, varios analistas económicos aseguran que algunos bancos españoles también están estudiando la posibilidad de nuevas fusiones.
Según el diario económico, “Analistas y políticos coinciden en señalar que las recientes pruebas de resistencia han contribuido a incrementar la confianza en la banca española pero coinciden en que es demasiado prematuro hablar de una recuperación del negocio bancario y de la actividad en los mercados de deuda, clave para proseguir con la reducción de la sobrecapacidad instalada en el sistema financiero y volver a ser más rentables”.
Algunos analistas, como Enrique Martín, responsable de banca para Analistas Financieros Internacionales (AFI), prefier dejar el término “fusión” para hablar de “compras de activos o excedentes de redes en las que también podrían entrar entidades extranjeras”. Se trataría de integrar redes de oficinas bancarias, venta de activos inmobiliarios y, en general, puesta en marcha de operaciones que contribuyan a ganar liquidez y mejorar la capacidad de crédito de las entidades bancarias.
Optimizar es la clave, como han hecho Banco Pastor y Espirito Santo para desarrollar el negocio de seguros de vida y planes de pensiones, o Popular y Crédit Mutuel para crear un nuevo banco en España.
El resultado de estas operaciones sería, en todo caso, beneficioso para el cliente: a más recursos del banco, más capacidad de crédito y más facilidades de préstamo para el usuario. Al menos, en teoría.