Créditos rápidos, dinero fácil o reunificación de deudas son algunos de los sintagmas más pronunciados y tecleados desde que comenzó la crisis/recesión. Es fácil: cada vez tenemos menos dinero, pero tenemos que seguir pagando. ¿Solución de muchos? Endeudarse más. Y rápido. Y a más créditos, más necesidad de pagarlo todo en uno… y más negocio para ciertas empresas.
La reunificación de deudas es una vía de ingresos para numerosas compañías y un soplo de aire fresco para familias que ven cómo los reiterados préstamos (coche, casa, libros de los niños, compra del mes, etc.) descabalan por completo su presupuesto. Pero, ¿puede todo el mundo acceder a estos productos? La respuesta es “no”.
Para empezar, un dato que muchos solicitantes desconocen: la reunificación de deudas es un producto hipotecario, así que para poder solicitarlo hay que tener una vivienda que se utilizará como aval. Porque lo que firmarás, en caso de que se te conceda dicha reunificación, es una nueva hipoteca, en un plazo superior al anterior y con una letra mensual más baja que la suma de todos los créditos que tenías antes. Eso sí: atento a los intereses, porque son más altos que los que pagabas (ya que el plazo de amortización es mayor y la cantidad, también).
Las entidades financieras no conceden alegremente estos préstamos (como ningún otro) pero lo cierto es que, como lo que está en juego es tu casa, se fían más de que vas a pagar. De hecho, la tasa de morosidad va en descenso y es menor que en el ámbito de los préstamos personales.
Para optar a este servicio, deberás tener una solvencia media, no haber incurrido en impagos y tener gran parte de la hipoteca ya amortizada. Y olvídate de lograr un plazo de amortización de más de 30 años o una hipoteca por más del 80% del valor de tasación… será “Misión imposible”.
Vía Consumer Eroski.