Las grandes empresas españolas han comenzado a emitir deuda y dan la espalda a los bancos que son renuentes en la actualidad a conceder créditos para la actividad comercial y estratégica de las firmas de relieve del país. Las empresas convierten, de este modo, su endeudamiento del formato de mercado de préstamos al de capitales.
Las empresas españolas se han subido al carro de la deuda corporativa porque, entre otras razones, han padecido los procesos de renegociación de los préstamos contraídos con bancos y cajas y la inflexibilidad de las entidades. Las grandes operaciones de crédito con los bancos se ha acabado para las empresas, por el momento.
A las grandes firmas hoy sólo se les ofrece créditos con capitales muy limitados a devolver en cinco años. El mercado de los bonos de deuda corporativa permite obtener una mayor liquidez a largo plazo. Y las corporaciones han encontrado ahí una oportunidad de oro.
La práctica totalidad de la últimas financiaciones de las empresas españolas se ha concertado con bancos y cajas. Ahora que el panorama crediticio ha cambiado y que los bancos y cajas han endurecido los préstamos, las empresas han encontrado en la emisión de bonos una salida para seguir funcionando y seguir haciendo negocio en un entorno de crisis económica.
La emisión de deuda de las empresas se aprovecha en la actualidad de que los inversores han rebajado las peticiones para satisfacer sus primas que se habían disparado en un primer momento. Ahora, la situación ha cambiado y es más propicia. Los precios de los cupones que se están pagando son más bajos que los de antes de la crisis del verano de 2007. El abaratamiento del dinero también ha arrastrado a los swap de referencia hasta los 2,80% o menos, a mínimos de 2005.
FCC, Grifols y Enagás, por ejemplo, ya han emitido deuda corporativa. Criteria, el holding industrial de La Caixa, Campofrío y Abengoa son las últimas en sumarse a una opción de financiación que está muy extendida por Europa.
Enagás lanzó su operación el 22 de junio pasado por un monto de mil millones de euros con un vencimiento de tres a seis años. Grafols lo hizo por seiscientos millones de dólares, al cambio unos 410 millones de euros, para seis, siete o doce años. Criteria plantea un programa de renta fija con un máximo de tres mil millones de euros.
Las corporaciones se han buscado la vida para disponer de capitales y los bancos han perdido esas oportunidades de negocio en su política reciente de asegurar beneficios y evitar comprometer sus capitales en riesgos financieros.