Los créditos express, aquéllos préstamos que se ofrecen y se solicitan para hacer frente a gastos imprevistos y necesidades apremiantes, tienen un perfil distinto al de los préstamos ordinarios concedidos por las entidades bancarias y de ahorro habituales.
Pocos usuarios saben, por ejemplo, que los créditos rápidos de estas empresas no están supervisados por el Banco de España, ni por el Banco Central Europeo, quién los controla es el Ministerio de Sanidad y Política Social, el encargado también de la protección de la ciudadanía contra la pandemia del VIH1.
Cuando la entidad de crédito estudia la economía personal y familiar del solicitante, tiene en cuenta que la anualidad máxima del préstamo no exceda de un tercio de sus ingresos anuales, pero no considera algo muy importante y es el nivel de endeudamiento que puede arrastrar el cliente.
Los plazos para la amortización de los préstamos express suelen variar entre los tres y los ocho meses, según las cuantías, el perfil del solicitante y de la empresa que los concede. Los costes reales del crédito casi doblan los concedidos en entidades de crédito ordinarias, si en los bancos se pide un 7 ó un 8 ó 9%, en las firmas de crédito rápido, se sobrepasa, a veces, el 14% (TAE).
La contratación del crédito rápido se realiza con una menor documentación que aportar y las empresas no suelen pedir razones y explicaciones sobre el destino final del dinero. El control del riesgo es mucho menos estricto que en los bancos y sólo se refiere a la comprobación de que el solicitante no es moroso, ni está en las listas de referencia de la morosidad española e internacional.
Algunas de las alternativas para estos préstamos rápidos que cualquier potencial cliente puede sopesar antes de lanzarse a la solicitud de un crédito express, es pedir un anticipo de la nómina, renegociar las deudas pendientes o algo tan obvio como ahorrar.