Una de las interminables cadenas de consecuencias de la crisis económica actual es la desaparición de las empresas y de los productos de crédito rápido que habilitaban préstamos personales en unas condiciones inmejorables, a simple vista, mejores que las que ofrecÃan los bancos y las cajas de ahorro de las sucursales situadas a la vuelta de la esquina.
Hemos dejado de ver aquellos machacones anuncios de televisión en los que se nos instaba a ‘llamar ya’ para obtener un crédito personal, siempre a la hora de la comida o cuando Ãbamos camino de la siesta, ¿recuerda?
Se trataba de solicitar las ayudas de una forma sencilla, por teléfono, a través del móvil y contactando con una operadora, sin documentación y sin estudio previos sobre las posibilidades económicas del solicitante y en menos de veinticuatro horas. Los créditos se pedÃan para hacer frente a reparaciones de automóviles, compras de electrodomésticos y cualquier gasto repentino al que habÃa que hacer frente sin pérdidas de tiempo.
Este negocio, que durante la bonanza de la economÃa española de los noventa subió como la espuma, quitó potenciales clientes a las entidades de crédito ordinarias. Los créditos rápidos ofrecÃan lo que no podÃan dar los bancos, pero a costa de un TAE que llegaba a alcanzar hasta el 13%, cuando las entidades de crédito ordinarias no pasaban del 6 ó del 7% en sus préstamos por los mismos conceptos.
Algunas de las empresas transnacionales que se dedicaban a ofrecer este tipo de créditos siguen operando fuera de España, aunque han cambiado de sistema o de plataforma. Operan también por teléfono, pero el préstamo se solicita mediante un mensaje SMS, no una llamada de voz de cliente a operadora. Los créditos son de menor cuantÃa. Se solicita un préstamo, por ejemplo, de 300 euros y en quince minutos se realiza la transferencia a la cuenta de referencia del particular. Sin embargo, el crédito hay devolverlo en treinta dÃas, éso sà con intereses del 18%, que vienen a ser 50 ó 60 euros por préstamo.
Sobre las cenizas del crédito rápido comienzan a despuntar cerca de nosotros los brotes verdes del crédito instantáneo.