Vivimos un momento de los que en mitad de una debacle económica como la que sacude al país, podría denominarse dulce.
El desempleo ha vuelto a descender y acumula cerca de 80.000 contrataciones, históricamente una cifra pequeña en época estival, pero un dato positivo finalmente.
Se observa una leve tendencia al incremento del consumo y, si bien es cierto que el consumo es inherente al ocio y que julio y agosto son meses tradicionalmente de ocio, es otro dato positivo.
Sumado a la “leve recuperación de la confianza” podría hablarse ciertamente de un momento dulce, sin embargo y a pesar de que ese es el tipo de noticias sobre las que nos gustaría escribir a todos los que hemos nacido y nos hemos criado en España, lo cierto es que hay otra realidad, otra realidad que se está aproximando y que nos está dando la pasividad de reaccionar antes de la nueva debacle.
El presidente del Banco Central Europeo ha informado que si los bancos no abren la financiación y dejan fluir al crédito y no se lleva a cabo una reforma estructural urgente, el país vivirá situación muy complicada.
El Banco de España informa y alerta de un nuevo “tsunami de morosidad” después del verano que afectaría a un nuevo colectivo de esta sociedad, tradicionalmente solvente y que nunca ha estado “al otro lado”.
Y los últimos informes elaborados por los servicios de estudios de La Caixa, BBVA y Banco Santander hablan de una morosidad que se duplicará en las hipotecas durante el último trimestre del año y todo el ejercicio 2010 que irá de la mano de la destrucción de empleo, al que sitúan en un 21%.
Es el momento de acometer las medidas necesarias para protegerse frente a ese escenario, el escenario indica que el problema de morosidad se va convertir en un peligro social , es el momento de protegerse frente a las pérdidas constantes de la vivienda habitual, es el momento de que los bancos asuman compromisos reales de parar los embargos y , en colaboración con el gobierno, establecer las ayudas necesarias para permitir que las familias sigan viviendo en sus casas no como propietarios sino en alquiler con opción a compra, con una figura que les permita vender siempre y cuando se cubra la deuda en su totalidad, y destinando un porcentaje de las ayudas del gobierno para los casos de desempleo o de los salarios al pago del alquiler a la entidad bancaria que lo utilizará para ir diminuyendo la deuda que pesa sobre la propiedad.
La reforma laboral es un tema y otro muy distinto las herramientas que tiene el sistema financiero y el gobierno para frenar una morosidad que se acerca catalogada de “avalancha”.
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