La reestructuración del sistema financiero español es urgente, necesaria e imprescindible para reactivar sectores que están colapsados impidiendo el paso del aire necesario para que nuestra economía vuelva a respirar.
Si, sin duda esto es así, pero ¿Cual es la otra cara de la moneda?
El número de trabajadores del sector bancario que literalmente “sobra” es mucho más aterrador que el número de oficinas bancarias que echarán el cierre este año y el que viene.
Las entidades financieras simplemente no tienen dinero y no existen herramientas sobre las que obtener la liquidez y solvencia necesarias para reactivar el sector y con él, la economía.
Nuestro sistema bancario es demasiado grande las entidades realizaron fuertes expansiones basándose en el éxito del boom immobiliario y los costes de esas expansiones ahora no se pueden asumir. El ajuste es completamente necesario.
En el mercado bancario español trabajan aproximadamente 120.000 personas y en las cajas de ahorros una cifra cercana a los 140.000 empleados.
Los empleados de bancos y cajas de ahorro tienen condiciones especiales en sus préstamos, créditos e hipotecas y la debacle del sector es doblemente preocupante.
Por un lado nos enfrentamos a un reajuste necesario que afectará a más de 75.000 trabajadores con el fuerte impacto que esta cifra tiene sobre los datos de empleo, pero por otro lado nos enfrentamos a una seguidilla de planes de jubilación anticipada, movilidad geográfica y despidos que llevarán a los empleados de la banca y a sus familias a una situación muy crítica en términos de economías domésticas y por lo tanto de incremento de la morosidad.
Desde los bancos y las cajas de ahorros se ha informado que los trabajadores no se verán afectados por la reestructuración y el cierre de las oficinas pero, salvo que opten por medidas de criogenización de los empleados hasta que el país vuelva a crecer y la banca esté en condiciones de volver a expandirse, lo cierto es que la situación del mercado laboral bancario se avecina muy, muy complicada.