Existen dos grupos fundamentales de préstamos, aquellos que son a interés fijo y aquellos que son de interés variable. Últimamente también han aparecido préstamos y créditos a interés mixto. De cualquiera de las maneras a la hora de pedir un crédito o un préstamo también es necesario negociar con la entidad financiera un interés propio para nuestros préstamos.
Que un préstamo tenga un interés fijo implica que el interés será inamovible a lo largo de toda la vida del crédito, por lo tanto desde la primera cuota hasta la última pagaremos lo mismo por él. Normalmente en este tipo de créditos es muy habitual que las entidades bancarias nos de un tipo de interés por encima del tipo referencial.
En los préstamos de interés variable por el contrario el interés del crédito está sujeto a las evoluciones que se produzcan en el mercado interbancario. En este tipo de préstamos o de créditos a lo que nos adherimos es a un tipo referencial, que suele ser el EURIBOR más un porcentaje. Será este EURIBOR el que determinará que es lo que tendremos que pagar cada mes.
En los préstamos con interés variable las entidades financieras determinan un periodo inicial, que puede llegar hasta los 3 años, en los cuales el tipo de interés permanecerá inamovible. Es a partir de ese tiempo cuando se produce una renegociación de los tipos de interés que nos aplicarán anualmente.
Debido a que cada préstamo ofrece una serie de ventajas e inconvenientes, la mayor parte de las entidades bancarias están ofertando préstamos con tipos de interés mixtos. Este tipo de préstamos lo que nos ofrecen es durante un periodo inicial, que no suele superar los 5 años un tipo de interés fijo y a partir de ese momento nos ofertan una revisión cada cierto tiempo.